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Tengo antojo de ella; llevo sin probarla más de un día. La busqué con mis amigos pero no la encontraba, hasta que decidí buscarla en la cafetería. Efectivamente ahí estaba ella, inocente y tranquila junto a la caja registradora.

Me acerqué sigilosamente; la abracé sin que me viera, pero ya sabía que era yo… Sin mucho esfuerzo la levanté de su lugar y la lleve cargando hasta la banquita. La coloqué sobre la mesa y me senté junto a ella. La…